lunes, 18 de mayo de 2009

De vuelta

Aburridísima cena en casa del juez amigo de Carlos. Un matrimonio como debe ser, es decir: falso, conveniente, que guarda las apariencias y todo muy en su lugar. Tal cual como nosotros. A elaborar: el espantoso cuadro por el que la esposa del juez pagó unos 15.000 pesos y que exhibe – toda imbécil ella – en la pared del living como si fuese la obra de arte contemporáneo que no es. La langosta estaba mal hecha pero al menos el vino era bueno. Conseguí llegar al final de la noche a caballo de los dos Xanax que tuve la precaución de llevar en la cartera (recordar pedirle a Dardo que traiga más cuando vuelva de Chicago).