jueves, 30 de julio de 2009

Merecer

Ni tan complicado como parecía, ni tan genial como cabría esperar, pero lo suficientemente agradable como para que la primera vez se transforme en unas cuantas. Tenía que pasar – cuando no – en el barcito al aire libre del museo. Veinte años menos tiene el descarado, y cuando me mira ya sabe que le gusto y que podría gustarme. Se suceden así dos o tres escaramuzas visuales repartidas en otras tantas semanas. Los veinte años de menos se notan al fin y al cabo, y soy la que tiene que tomar la iniciativa, pero porque además – me repito – me lo merezco.
Me coge bastante bien. Es pendejo, pero lo que le falta de experiencia y clase lo compensa con un entusiasmo a toda prueba. Sudamos él y yo, y el desgaste físico siempre me hizo bien. Es una pija de tamaño standard, pero linda, y entonces no juego a la remilgada y se la chupo con ganas (ganas no fingidas) y parece que le va a estallar la cabeza cuando se da cuenta de que trago.
Ni tan complicado, ni tan genial.
En casa le pido a Rosa que me prepare el baño y me miro al espejo. Sonrío por primera vez en días. Me lo merezco.