jueves, 30 de julio de 2009

Merecer

Ni tan complicado como parecía, ni tan genial como cabría esperar, pero lo suficientemente agradable como para que la primera vez se transforme en unas cuantas. Tenía que pasar – cuando no – en el barcito al aire libre del museo. Veinte años menos tiene el descarado, y cuando me mira ya sabe que le gusto y que podría gustarme. Se suceden así dos o tres escaramuzas visuales repartidas en otras tantas semanas. Los veinte años de menos se notan al fin y al cabo, y soy la que tiene que tomar la iniciativa, pero porque además – me repito – me lo merezco.
Me coge bastante bien. Es pendejo, pero lo que le falta de experiencia y clase lo compensa con un entusiasmo a toda prueba. Sudamos él y yo, y el desgaste físico siempre me hizo bien. Es una pija de tamaño standard, pero linda, y entonces no juego a la remilgada y se la chupo con ganas (ganas no fingidas) y parece que le va a estallar la cabeza cuando se da cuenta de que trago.
Ni tan complicado, ni tan genial.
En casa le pido a Rosa que me prepare el baño y me miro al espejo. Sonrío por primera vez en días. Me lo merezco.

lunes, 18 de mayo de 2009

De vuelta

Aburridísima cena en casa del juez amigo de Carlos. Un matrimonio como debe ser, es decir: falso, conveniente, que guarda las apariencias y todo muy en su lugar. Tal cual como nosotros. A elaborar: el espantoso cuadro por el que la esposa del juez pagó unos 15.000 pesos y que exhibe – toda imbécil ella – en la pared del living como si fuese la obra de arte contemporáneo que no es. La langosta estaba mal hecha pero al menos el vino era bueno. Conseguí llegar al final de la noche a caballo de los dos Xanax que tuve la precaución de llevar en la cartera (recordar pedirle a Dardo que traiga más cuando vuelva de Chicago).

miércoles, 18 de marzo de 2009

Como el mundo

Hablar de Carlos es, indefectiblemente, hablar de mí. O, en todo caso, de la que alguna vez fuí, o de una parte que todavía soy. Una parte que persiste como el tronco al que uno se aferra para no hundirse.
Que no haya confusión: no es este un relato de amor. No hay amor aquí hace ya muchísimo tiempo (y eso, si alguna vez lo hubo). No. Lo que hay es... diría que... miedo. A falta de un término mejor sería ése: miedo. El miedo de una boludita que en un momento decidió que vivir con cierto confort no representaba un precio demasiado alto, habida cuenta de los horrores que podrían haberse manifestado. Una boludita que eligió, y que, justamente por eso mismo, no fue, en el fondo, tan boludita.
La tranquilidad por sobre el amor... Una historia vieja como el mundo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ahora

Ya está. Ya rompí el juramento que me hice a mí misma cuando dije que nunca iba a escribir en un blog. Ahora ya está. Como tantos otros juramentos, ya está. Se fueron al carajo. Rotos. Hechos mierda. Pero esta vez me es preciso, necesario. Respirar – o en una de esas regodearme en la falta de aire, en la asfixia, quién lo puede saber. Ahora ya está. Cuarenta y cuatro es apenas el borde desde el que me paro para ver. Conseguí casi todo. Menos aire, menos paz. Ahora ya está.