Ni tan complicado como parecía, ni tan genial como cabría esperar, pero lo suficientemente agradable como para que la primera vez se transforme en unas cuantas. Tenía que pasar – cuando no – en el barcito al aire libre del museo. Veinte años menos tiene el descarado, y cuando me mira ya sabe que le gusto y que podría gustarme. Se suceden así dos o tres escaramuzas visuales repartidas en otras tantas semanas. Los veinte años de menos se notan al fin y al cabo, y soy la que tiene que tomar la iniciativa, pero porque además – me repito – me lo merezco.
Me coge bastante bien. Es pendejo, pero lo que le falta de experiencia y clase lo compensa con un entusiasmo a toda prueba. Sudamos él y yo, y el desgaste físico siempre me hizo bien. Es una pija de tamaño standard, pero linda, y entonces no juego a la remilgada y se la chupo con ganas (ganas no fingidas) y parece que le va a estallar la cabeza cuando se da cuenta de que trago.
Ni tan complicado, ni tan genial.
En casa le pido a Rosa que me prepare el baño y me miro al espejo. Sonrío por primera vez en días. Me lo merezco.
Me coge bastante bien. Es pendejo, pero lo que le falta de experiencia y clase lo compensa con un entusiasmo a toda prueba. Sudamos él y yo, y el desgaste físico siempre me hizo bien. Es una pija de tamaño standard, pero linda, y entonces no juego a la remilgada y se la chupo con ganas (ganas no fingidas) y parece que le va a estallar la cabeza cuando se da cuenta de que trago.
Ni tan complicado, ni tan genial.
En casa le pido a Rosa que me prepare el baño y me miro al espejo. Sonrío por primera vez en días. Me lo merezco.

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