Ya está. Ya rompí el juramento que me hice a mí misma cuando dije que nunca iba a escribir en un blog. Ahora ya está. Como tantos otros juramentos, ya está. Se fueron al carajo. Rotos. Hechos mierda. Pero esta vez me es preciso, necesario. Respirar – o en una de esas regodearme en la falta de aire, en la asfixia, quién lo puede saber. Ahora ya está. Cuarenta y cuatro es apenas el borde desde el que me paro para ver. Conseguí casi todo. Menos aire, menos paz. Ahora ya está.
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