miércoles, 18 de marzo de 2009

Como el mundo

Hablar de Carlos es, indefectiblemente, hablar de mí. O, en todo caso, de la que alguna vez fuí, o de una parte que todavía soy. Una parte que persiste como el tronco al que uno se aferra para no hundirse.
Que no haya confusión: no es este un relato de amor. No hay amor aquí hace ya muchísimo tiempo (y eso, si alguna vez lo hubo). No. Lo que hay es... diría que... miedo. A falta de un término mejor sería ése: miedo. El miedo de una boludita que en un momento decidió que vivir con cierto confort no representaba un precio demasiado alto, habida cuenta de los horrores que podrían haberse manifestado. Una boludita que eligió, y que, justamente por eso mismo, no fue, en el fondo, tan boludita.
La tranquilidad por sobre el amor... Una historia vieja como el mundo.

No hay comentarios: